Apuntes sobre el «Colegio Regional de la Montaña», sobre la UPR-Utuado

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Esta publicación fue parte de la fiambrerita del 24 de mayo de 2026.


1.

Pienso que era jueves en la noche. La calle Bosque de Mayagüez estaba llena de estudiantes, cuyas voces y algarabía competían con la música de los distintos negocios. Era el semestre de enero del 2017. Ya se iban asomando los aires de huelga en contra de los recortes terribles y de las alzas de matrículas. Estábamos un grupo de estudiantes de maestría en El Garabato—básicamente, nuestra oficina colectiva. Alrededor de un barril como mesa, llena de latas de cervezas baratas, conversábamos sobre la Universidad. Había gente a favor y en contra de la huelga que se avecinaba. Uno del grupo, de pronto, dijo que una solución a los cortes de presupuestos o falta de fondos pudiera ser el cierre del Recinto de Utuado. Él comentaba, en aquel momento cuando el antiguo Colegio Regional de la Montaña (CORMO) tenía sobre mil estudiantes, que también había que cerrarlo porque le quitaba estudiantes a Mayagüez y porque El Colegio era el que se tenía que enfocar en agricultura.

Esa es mi memoria más vieja escuchando esa “solución” a los problemas de la UPR. Hoy, como profesor por contrato que soy en Utuado, casi diez años después de aquel momento, escucho esa y otras tantas “razones” para cerrar el único recinto con un programa en agricultura sustentable. Un recinto que le provee servicios a personas empobrecidas y desventajadas de la montaña. No estoy de acuerdo con ninguna; tampoco me sorprenden o me generan molestia. Lo que sí me causan es una curiosidad por entender por qué tenemos esa tendencia hacia “cerrar” o “eliminar” como solución, en vez de “transformar” o “reimaginar”.

2.

En Costa Rica está el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE). Ofrece solo maestrías y doctorados, además de capacitaciones y educación continua. Tengo colegas que estudiaron y que vivieron allí. El CATIE, al igual que El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) en México, es reconocido por sus aportes a la agroecología y agricultura sustentable. No solo forman personas en esas disciplinas, sino que funcionan también como espacios de investigación y de intercambio de saberes y recursos para personas de distintos sectores. Ambas instituciones (con sus luces y sus sombras) tienen tremendas colaboraciones con varias universidades del exterior. ¿Podemos sacar cinco minutos para imaginarnos algo así en Puerto Rico, en Utuado?

UPRU tiene sobre cien cuerdas de buen terreno, yacimientos arqueológicos, infraestructura que puede ser rehabilitada y mejorada para sostener programas de investigación colaborativos y quizás albergar estudiantes graduados e investigadores de otros lugares; más tiene una facultad que ya tiene experiencia en eso, pero que carece del tiempo y recursos para dedicarse a ello. ¿Cómo sería la UPR Utuado como centro de enseñanza, de formación agrícola y agroecológica, como espacio de investigación, apoyado como debe ser?

3.

Vuelven estudiantes y facultad la UPR a levantar bandera este año con mucha razón por los recortes, por la mala administración, por la politiquería que carcome nuestra Universidad y por otras tantas razones que son obvias. Los paros y huelgas son la herramienta más accesible que tiene la gente para visibilizar estos asuntos cuando la democracia participativa es inexistente y cuando las dinámicas de poder favorecen a quienes ya tienen el poder.

En varias ruedas de prensa con la presidenta impuesta, periodistas preguntan sobre el cierre de recintos. Particularmente, preguntan sobre el cierre de Utuado. Me llevan a aquel momento en El Garabato. No preguntan por qué hay dinero para mega hoteles dañinos o para incentivar a los que ya tienen, pero preguntan si considera cerrar a Utuado para ahorrar dinero. Zayira Jordán Conde dice que eso no es opción, que no tiene sentido cerrarlo, que tampoco ahorraría gran cosa. (De hecho, su papá estuvo involucrado en la apertura del CORMO). Le quiero creer.

4.

Hoy doy clases por contrato en UPR Utuado en salones y laboratorios que dan vergüenza. Este semestre me gano unos $490 quincenales. En el 2009, cuando estaba en el bachillerato de biología y biotecnología de la UPR Ponce, cogí clases en salones y laboratorios que daban vergüenza. En el 2013 cogí clases graduadas en El Colegio en salones y laboratorios que daban vergüenza. En mis tiempos la Universidad tenía activa la fórmula que le quitaron hace poco. Sin embargo, como casi todo en Puerto Rico, el problema no es que haya o no dinero, sino cómo se distribuye y se usa, cómo se administra. Sé que eso depende de ideologías políticas y económicas, más otros aspectos. Quizás por ahí es que viene esta idea de cerrar a Utuado como solución; esa tendencia de querer resolverlo todo a través de desaparecimiento. ¿Sufrimos una epidemia de falta de imaginación que nos guíe a transformar nuestro entorno para bien? Eso es un problema, pues, como dijo Ana Teresa Toro, “necesitamos de la imaginación para navegar el presente”.   

5.

Nunca pensé que daría clases en UPR Utuado. Se me dio la oportunidad para ser profesor por contrato en el 2023. Ese semestre enseñé agroecología y diseño de proyectos de investigación. El primer día de clases coincidió con mi cumpleaños. Yo estaba tan contento. Para mí fue un enorme regalo poder hacer de verdad lo que tanto me divertía hacer de chiquito: ser maestro.

Recuerdo que para una Navidad me regalaron un Tonka. Ese tro que me dieron de carga, pues, yo lo tenía. Era ya parte de mi colección. Entonces, se lo intercambié a mi prima por una pizarra Fisher Price que le regalaron. Era lo que le faltaba a mi salón de clases. Recuerdo reunir a mis primos para ensenarles las tablas de multiplicar, les daba exámenes y tenía mi propia libreta de registro. Hoy uso Excel para apuntar notas y demás. En agosto próximo cumpliré tres años dando clases en UPRU. Me siento parte de la facultad, me siento apreciado y querido por el personal, por estudiantes.

Y ese cariño es gran motivador para imaginarme un futuro distinto para ese recinto que tanto le da la montaña y a Puerto Rico. Allí se hacen investigaciones arqueológicas que alumbran al pasado y otras enfocadas en la química de plantas medicinales; se han desarrollado un sinnúmero de huertos en escuelas públicas desprovistas de la corriente de educación agrícola. Se han desarrollado cursos cortos para el sector agrícola en arboricultura y se han adiestrado cientos de docentes del Departamento de Educación. Allí pude dedicarle tiempo a una investigación que dio paso a que conociéramos por primera vez sobre el número de personas que viven en zonas de susceptibilidad a deslizamientos. Fue primera plana en El Nuevo Día.

Y son tantos otros los proyectos y cosas lindas pasando que me dejan saber del potencial que tiene ese espacio para aportar al bienestar del sistema alimentario de Puerto Rico, del Caribe y hasta más allá. ¿Por qué se nos hace tan fácil hablar de cerrar y de eliminar y tan difícil de imaginar y crear? Si algo me queda claro, es que estudiantes y facultad, particularmente la facultad precarizada por contrato que hace tanto por la Universidad, no tienen ese problema de falta de imaginación. Lo que tienen es falta de apoyo institucional, de reconocimiento y de poder decisional.

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