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Esta publicación fue parte de la fiambrerita del 19 de abril de 2026.

JuanCarlos González, fotógrafo de Maunabo radicado en Vermont, estuvo el pasado mes de marzo documentando el trabajo de 48 mujeres agricultoras. De Culebra a Santa Isabel, de Jayuya a Vieques, ha recorrido fincas y huertos urbanos, fotografiando la gestión de diversas mujeres que aportan a nuestra seguridad y soberanía alimentarias. Este trabajo continuará todo el año, cubriendo así las distintas temporadas que se dan en estas islas nuestras, en l contexto del cambio climático.
El pasado lunes, 13 de abril, nos conectamos en línea para conversar más sobre su gestión. Ese nene que se crio en una familia de once mujeres en Maunabo, que recortaba fotos de revistas y periódicos y pegaba en su puerta, soñaba con viajar y fotografiar el mundo. Lo logró. Años después, regresó a su pueblo para visitar una finca y documentar el trabajo de alguien que será parte del proyecto Agricultoras Puertorriqueñas, el cual está costeado por él mismo, después de un tiempo ahorrando.
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Luis Alexis: ¿Cómo fue regresar a tu pueblo como fotógrafo, como documentalista; como lo que soñabas cuando chiquito?
JuanCarlos: Yo soy tan pendejo (me dijo después de una pausa, algo emocionado). Llegué un poquito más temprano porque yo sabía que iba a estar con el taco, para pues, como adaptarme para que cuando llegara, no sé, el festival del moco (dijo, entre risas). Ah, pero fue bien lindo. Siempre ha sido una un sueño este volver a Puerto Rico y trabajar en algo que me apasiona tanto, ver estas mujeres que están trabajando la tierra tan fuerte e incluir a alguien que lo está haciendo en Maunabo.
El día que fui estaba lloviendo, nos metimos en ese platanal y eso fue hablando ahí por un buen rato; una cosa bien linda. Estar ahí y recordar esa niñez, de correr por los platanales de Maunabo… Yo creo que me enamoré mucho más de la tierra, mucho más de nuestra historia, de nuestra cultura. Estar en Puerto Rico por 21 días y sin parar, fue algo inolvidable. Es que nunca pensé que se me iba a dar y aquí estamos.
Cuéntame de la motivación para documentar el trabajo de ellas. Sé cómo se relaciona al proyecto que realizaste en Vermont, pero descríbeme tu motivación en el contexto de Puerto Rico.
Creciendo con mi abuela, la gente venía a su finca y le decía, «Micaela, ¿quién es el señor que corre la finca?» Y ella contestaba, “yo soy el señor, ¿en qué te puedo ayudar?» Entonces, eso siempre se me quedó en la mente. Más viendo a mi tía, a mi mamá, cuando alguien venía a las casas o cuando muchas ya tenían sus propios negocios, “mire, ¿quién es el dueño aquí?”, decían.
Contra, ¿cómo podemos cambiar esto? Ese tipo de mentalidad… Porque, yo entiendo que a veces quieres usar la palabra [masculina] en plural, cosas así, pero por qué no cambiar ese tipo de mentalidad [de que quien trabaja la tierra es un hombre]. Y eso fue lo que me inspiró en hacer el proyecto de [Mujeres agricultoras] en Vermont también.
Cuando estábamos cenando, en la mesa de al lado le preguntan al mesero, «Mira, ¿quién es el señor al que tú le compras las carnes o quién es el señor que tú le compras los vegetales?» Y yo decía, «contra, ¿por qué no preguntan quién es la persona?”, en general. Ahí tú puedes ver también el machismo, este tipo de cosas que la gente, pues, piensan que es solamente el hombre [el que hace ese tipo de trabajo]. Y pues también este tipo de trabajo que es tan físico, que la gente cree que solamente es el hombre el que lo puede hacer.
En Vermont me cuestionaron por qué si el mayor porcentaje de quienes trabajan la tierra son hombres, por qué enfocarse en mujeres. Y yo, pues tú le estás dando el clavo en la misma cabeza, que por eso es que estoy haciendo ese proyecto, porque todo el mundo habla del porcentaje de hombres que trabajan la tierra, pero poco se habla del porcentaje de mujeres que trabajan la tierra.
Además, este proyecto no es para disminuir el trabajo que hacen los hombres, para nada. Muchísimas de estas mujeres han sido inspiradas por sus papás, por sus abuelos, por sus esposos. Me lo han contado. Este trabajo es para dar visibilidad a eso, a que las mujeres también hacen agricultura y que quieren hacer agricultura.
En la descripción de tu proyecto, dices que “quieres aprender de la fuerza de ellas, de su fe, de su forma de sostener la vida todos los días”. Entonces, ¿cómo tú viste que estas agricultoras sostienen la vida y la producción en ese contexto marcado por el cambio climático y exacerbado por todas estas desigualdades sociales. ¿Qué aprendizajes te llevas?
Vuelvo a mi niñez, en el caserío, donde abundaban estas personas fuertes y perseverantes. Ver estas mujeres [agricultoras] imparables me recuerdan a las personas con las que me crie, que se les presenta cada obstáculo y los sobrepasan.
Por ejemplo, estaba con esta agricultora en Ciales que el equipo le canceló de repente, yo me uní a trabajar con ella allí, más ella y otras me contaron de situaciones similares. Que después de ese tipo de cosas y obstáculos que se le presentan y cómo a cada rato pues tienen que improvisar. Entonces, esa parte, de la flexibilidad que hay que tener, fue inspirador.
En los fragmentos que has compartido en Instagram aparecen ideas como “finca escuela”, “espacio comunitario”, “devolverle a la comunidad”, “ser parte de un cambio de paradigma” o “conexión con la naturaleza”. ¿Qué te revelan estas nociones sobre cómo ellas entienden la agricultura, más allá de lo productivo o económico? ¿Qué motiva su compromiso con esta labor en un contexto donde hay poco apoyo estructural y una marcada desigualdad de género?
Todas hablan tan diferente, pero a la misma vez, están enfocadas en la misma misión. Pero hubo una en particular que cuando yo le dije, «¿Cuál es tu meta? ¿Qué es lo que tú quieres al final del día?» Y su respuesta fue, «Bueno, yo lo que quiero es descolonizar el paladar puertorriqueño.» Cuando ella dijo eso, a mí me salió un taco, a mí se me pararon los pelos.
Tenemos la parte climática, tenemos la parte de la desigualdad. Y a eso se le añade este otro elemento de que están viniendo tanta gente de afuera y se están quedando con la tierra de Puerto Rico, ¿no? Se están quedando con las playas, se están quedando con su con nuestra tierra. Y escuchar esto directamente de una agricultora fue algo novedoso para mí. Ellas no están haciendo esto porque es un lujo, es porque quieren literalmente hacer un cambio drástico, porque quieren aportar a la seguridad alimentaria de Puerto Rico.
Vi tanto, como uno dice, improvisación que tienen que hacer constantemente. Que, está lloviendo hoy, pues vamos a mudarnos acá, vámonos al vivero entonces.
Describes tu proyecto como “Una iniciativa fotográfica y documental que visibiliza el trabajo, la resiliencia y los desafíos que enfrentan las mujeres agricultoras ante el cambio climático”. En algunas de las entrevistas que has compartido, ellas hablan abiertamente sobre esos impactos.
Sabemos bastante sobre los retos, pero menos sobre lo que está funcionando. Desde tu experiencia, ¿qué prácticas, estrategias o formas de organización están implementando estas mujeres para sostener sus fincas y su bienestar frente al cambio climático?
Están bien conscientes de los impactos, una agricultora me contaba sobre cómo el agua no les da. Muchas están trabajando sus propias compostas y otras están trabajando las terrazas [y sembrando al contorno]. Parecía como si yo estuviera en Bután o por ahí en la India, porque eran terrazas bien lindas, bien formadas, tú veías el sistema de agua que bajaba. Por esa línea, muchas tenías sistemas de recolección de [agua de lluvia].
¿Qué políticas públicas deben crearse o eliminarse para apoyarles?
Muchas de estas agricultoras esperan dos años para que le aprueben un [una subvención o programa] para un vivero, por ejemplo. Entonces, entiendo pues que se tienen que hacer exámenes desde la tierra para que se le puedan aprobar, para que puedan usarlo. Pero a veces [es bastante dinero] que durante esos dos años se pierden y ellas todavía esperan y esperan y esperan.
Y pues para mí, yo creo que es que se le debería dar un poquito más atención a esta rama que es la agricultura, que yo digo que a veces la dejan en el olvido y para lo último.
Has documentado agricultoras de distintas edades. ¿Observaste diferencias generacionales en sus perspectivas, prácticas o aspiraciones? ¿Qué pueden aprender unas de otras en términos de conocimiento, adaptación y visión de futuro?
Vi gente de todas las edades, desde bien jóvenes acabadas de graduarse, hasta mujeres ya bien adultas. Fue lindo ver la inspiración de las jóvenes, que ven estas otras mujeres que han trabajado por décadas y dicen, «mira, ellas lo hicieron, yo también lo puedo hacer.»
Ha sido algo bien interesante ver cómo muchas se inspiran en el trabajo de otras, en cómo se apoyan e intercambian información. Por ejemplo, escuché mucho sobre la composta. Me decían que “trabajo la composta así porque aprendí de [otra agricultora]”.
Y la idea también de este proyecto es que muchas de ellas no se conocen. La idea es que se conecten y vean que funcionó para una, que no funcionó para la otra.
Después de este recorrido visitando múltiples fincas y dialogando con diversas mujeres, ¿qué te llevas personal y profesionalmente? Y pensando en el país, ¿cómo imaginas un futuro positivo para la agricultura en Puerto Rico a partir de lo que ellas te han mostrado?
Hay que darle el valor que se merecen a todas las personas que trabajan en la agricultura. Es un trabajo tan y tan fuerte y tan y tan duro, y a veces, la gente no lo ve de esa manera.
En muchas de estas fincas que yo iba a veces me hacían una ensalada que yo decía, «¡Puñeta!”. Esto es de comida de aquí, esto es de nosotros, esto es nuestro. ¿Por qué no se valora como se merece? Yo creo que se merecen muchísima más atención de la que se le está dando y mayor apoyo económico.
Estas mujeres me abrieron las puertas de su finca. Entrar a su espacio, para mí, es un honor. Quiero que cuando vean esas imágenes, cuando ellas lean sus historias, que en realidad lo que ellas vean sea un reflejo de lo que ellas me contaron.

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Antes de cerrar la reunión virtual, le pregunté a JuanCarlos sobre fechas tentativas para la publicación y en dónde va a presentar el proyecto. Su intención es mostrarlo en diferentes lugares, junto a las agricultoras participantes. Así como realizó el proyecto de Agriculturas de Vermont. Me dijo que antes de irse, se le dio una reunión con el Museo de Arte de Ponce.
“Yo llevaba a mami a tomar su tratamiento para el VIH en Ponce. A lo que ella se atendía, yo iba al museo, caminaba y me despejaba. Años después, estoy allí hablando con la curadora. Y allí con toda honestidad le dije, ‘Mire, esto es un flashback porque yo llegaba a Ponce y yo detestaba venir a Ponce, pues porque sabía que mi mamá le iba a llegar a ese momento que iba a pasar, que iba a morir, pero yo venía al museo de Ponce y esto a mí me desconectaba de toda esta negatividad y aquí estoy hablando contigo’. Para mí esto es un logro inmenso porque los museos para nosotros en los caseríos eran de la gente de la high joyetin, como decía mami”, me comentó.
En Boston JuanCarlos se integró a la junta del Boston Center for the Arts y logró que el museo abriera gratis los domingos para familias de diversos trasfondos. Así que él confía que este proyecto, Agricultoras Puertorriqueñas, va a poder ser visto y disfrutado por la mayor cantidad de personas en nuestras islas.
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Sigue la cuenta de Instagram del proyecto y accede su página para que conozcas más sobre el proyecto. Aquí puedes conocer más sobre JuanCarlos.
Esta publicación es parte de La Fiambrera, un proyecto que enlaza mis amores por la investigación en sistemas agroalimentarios, la comida y cocina, al igual que la narrativa. Recibe una fiambrerita todos los domingos. ¿No recibes una fiambrerita semanal? Suscríbete aquí. Puedes acceder el archivo de las pasadas fiambreras aquí y acá puedes ver todas las pasadas columnas.

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