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Esta publicación fue parte de la fiambrerita del 8 de marzo de 2026.

Trópico agridulce exhibe obras de la colección permanente del Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico. Estas miran distintos aspectos del sistema alimentario caribeño: desde la dependencia de productos procesados y los efectos de políticas de comercio internacional, desde las violencias en la cocina hasta el gozo que ocurre en ellas, entre otras dimensiones que constatan la relación entre elementos sociales, ambientales y culturales. Las piezas que componen ese Trópico agridulce exploran y cuestionan las violencias de nuestro sistema alimentario, a la vez que visibilizan el poder que existe y persiste sobre él para lograr uno que genere bienestar social y ambiental. Nos recuerdan que es posible practicar, cosechar y pescar soberanía alimentaria en una región que carece de soberanía territorial. Pues, existen instancias en donde se tiene injerencia sobre el sistema alimentario.
Esa fue una de mis reflexiones durante el Diálogo en sala que tuve con Israel Meléndez Ayala, historiador y autor de Crítica, el pasado jueves, 19 de febrero, en el Museo de Arte Contemporáneo. Esto como parte de la propuesta educativa de esa exhibición, curada por Alexandra Méndez García. Las piezas de artistas de Puerto Rico y el Caribe que la componen son un policultivo donde florecen complejidades que ponen en tensión diversas dinámicas presentes y pasadas sobre la producción y el consumo de alimentos en nuestras islas. Como destaca la descripción de la exhibición: “Las implicaciones de lo agridulce, en su dimensión gustativa, hacen referencia a la relevancia histórica de la producción extractiva y monocultural del azúcar que dominó la agricultura colonial en el Caribe. Del mismo modo, reconciliar este contexto marcado por la violencia de las economías de plantación con el deleite inherente de saborear la comida, es, en sí mismo, un acto profundamente agridulce”.

El cañaveral, la plantación, fue un espacio de violencias hacia los cuerpos que la trabajaban y sobre el cuerpo terrestre que nos sostiene. Hoy quizás no haya grandes monocultivos de caña, pero las dinámicas extractivistas que las conformaron se dan hoy en distintos espacios. Puede que lo que me comí esta tarde fue cultivado, cosechado y procesado por alguien que vive en la precariedad. Puede que esa comida haya contribuido al deterioro ambiental y a la crisis climática. Cada decisión tiene sus implicaciones, sus tensiones; cada decisión puede ser un acto agridulce. Insertarse en ese Trópico agridulce provee un momento para reflexionar sobre cómo producimos, procesamos, distribuimos, consumimos y descartamos los alimentos, sobre cómo se conforma ese sistema alimentario del que somos parte.
Durante la conversación final, dialogamos sobre cómo persiste en nuestras islas una mirada que se informa desde la escasez cuando toca mirar el paisaje alimentario—al paisaje terrestre y marino que produce comida. Es cierto que se importa gran cantidad de nuestros alimentos. Un reciente estudio encontró que se importa el 81%, aunque eso baja a 70% cuando solo se consideran los productos frescos solamente. Pero si miramos por producto, en Puerto Rico se cosecha sobre el 80% de la calabaza que se consume y el cilantro tan necesario para el sofrito nuestro. Más se produce sobre el 90% de leche fresca.
Tendemos a enfocarnos en las sombras que cobijan nuestro sistema alimentario, obviando los destellos de luz que alumbran maneras distintas de producir alimentos, de hacer las cosas, de cómo nos relacionamos con nuestro entorno. El que Puerto Rico no tenga soberanía territorial no quiere decir que no haya espacios en donde se practica la soberanía alimentaria. ¿Qué pasaría si validamos la injerencia que existe y persiste sobre nuestro sistema alimentario? ¿Cómo ignorar esa injerencia, ese poder sobre las dinámicas que componen la producción, procesamiento, distribución y descarte de alimentos, incide sobre los procesos de toma de decisiones sobre nuestro sistema alimentario? ¿Qué pasaría si optáramos por tener una dieta más alineada con lo que podemos producir? Basta con explorar ese Trópico agridulce para tener un espacio para pensar en esas y otras preguntas sobre nuestro sistema alimentario.
Esta publicación es parte de La Fiambrera, un proyecto que enlaza mis amores por la investigación en sistemas agroalimentarios, la comida y cocina, al igual que la narrativa. Recibe una fiambrerita todos los domingos. ¿No recibes una fiambrerita semanal? Suscríbete aquí. Puedes acceder el archivo de las pasadas fiambreras aquí y acá puedes ver todas las pasadas columnas.

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