Primera: Pequeños edificios amarillos que terminarán en el vertedero

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Esta publicación fue parte de la fiambrerita del 2 de marzo de 2025.

Es la primera de cuatro historias desde un supermercado cualquiera.


Un «buenas tardes», una ventolerita y una luz bien brillante me recibieron a la vez cuando entré al supermercado. Iba con el carrito con las gomas malas—siempre escojo mal; pasé las cajas con su bip bip y fui al área de frutas y vegetales. Las neveras horizontales allí parecían un mar de vidrio. Eran filas de productos empacados en plástico. Muchas bandejitas de foam amarillo, una encima de la otra: edificios miniaturas.

Ese día iba estaba acompañado de una amistad que estaba de visita. “Esta es la primera vez que entro a un supermercado y veo tanta cosa envuelta en plástico”, me dijo. Y esta persona ha vivido desde los pueblitos más rurales en Estados Unidos hasta Tokyo. Por mi parte, siempre he visto frutas y vegetales en esas bandejitas amarillas, envueltas en plástico. Es algo común para mí.

En una esquina de una de las neveras había melones de agua del país (o sandías para los puristas) solitos. Uno encima del otro. En otro lado había melones picados por la mitad, unos en tercios, otros en cuartos y algunos en cuadritos sin la cascara. Claro, estaban en las bandejitas. Jengibre, cúrcuma, chinas nebo, limones, papaya, todos del país, empacados. Y pasaba similar con la piña. Tienes en un mismo lugar a las piñas enteras (siempre con sus coronas, importante), otras rebanadas en mitades en la bandejita; unas en cuartos y otras en cuadritos. ¿Y la cáscara? ¡Empaquetá también!

Me encanta que ese supermercado que frecuento tiene muchos productos del país y los precios son accesibles. Pero quiero dos cantitos de jengibre, no una bandeja; solo necesito una berenjena, no un paquete de tres. ¿Es una estrategia de venta? ¿Ayuda eso a tener más organización o a evitar pérdidas de productos? ¿Cu{anta gente decide no comprar esa banadejita porque solo quiere una pieza? Puedo entender si es que es obligado usarlos por las limitaciones de espacio, de personal o mecánica… Si es para empacar carnes y otros productos animales, pues, parece que es la opción más asequible por el momento.

¿Pero, para una piña? ¿Para un aguacate picado por la mitad o para una papaya rebanada en cuartos? ¿Cuál es la necesidad? Es tan gracioso que ese supermercado tiene carteles que promueven la protección al ambiente y otros con recomendaciones de cómo reducir desperdicios orgánicos. No olvidemos que alrededor del 33% de los desperdicios en nuestros vertederos son materia orgánica y que estos ya están siendo incapaces de recibir más basura. Más recordemos que esas frutas enteras y vegetales ya vienen en un empaque natural.

Tenía varias en el carrito. Iba poniéndolas una a una en la correa de la caja. Me sentí mal. Le echaré la culpa a mi amistad por poner una cara de asombro y comentar sobre lo obvio. Una bandejita de limones. Bip. Una bandeja de jengibre y otra de berenjenas. Bip, bip, bip. La comida para mi barriga y lo otro para el vertedero. “Que tengan bonita tarde, jóvenes”, nos dijo la muchacha, después de firmarnos el recibo.


¿Y tú, tienes historias de supermercados? Lee la segunda historia aquí, la tercera acá y la última aquí.


Esta publicación es parte de La Fiambrera, un proyecto que enlaza mis amores por la investigación en sistemas agroalimentarios, la comida y cocina, al igual que la narrativa. Recibe una fiambrerita todos los domingos. ¿No recibes una fiambrerita semanal? Suscríbete aquí. Puedes acceder el archivo de las pasadas fiambreras aquí y acá puedes ver todas las pasadas columnas.

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