¿Qué piensas de nuestra relación con el alcohol?

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Esta publicación fue parte de la fiambrerita del 5 de mayo de 2024.


“Esas piezas ya no vienen”, canta Peor es Na’. Eso pienso de mi estómago. Dejé de beber alcohol por treinta días por cuestiones médicas. A esta edad bebo social y por gusto. Conste, lo hago responsablemente. Es uno de mis placeres y no acepto críticas.

He escuchado que conviene pausar o alejarse de cosas que le gustan a uno un tiempo para luego apreciarlas mejor. Y con el alcohol, en particular, conviene darle atención a cómo nos relacionamos con esa bebida que, entre otras consideraciones, es un tóxico. Pero uno que nos encanta. Recurro a otro corito: Yo me tomo el ron, la cerveza fría… Basta Maripily para descorchar o brindar. Y también bastan treinta días para entender mejor cómo uno se relaciona con eso que se bebe porque en Bayamón-món llueve to’ los días.

“¿Qué consejo le darías a tu Yo de 18 años, a tu Yo joven?”, pregunta clichosa esa. Me diría que no beba tanto. Hubo momentos en mi juventud temprana que no quería beber o que ya estaba harto, pero el “dale, date otro” podía más que yo. Si hay algo que destruye vidas y nuestra salud física es el alcohol.

El alcoholismo es una enfermedad que no solo depende de acciones individuales para manejarla. Un conjunto de predisposiciones genéticas y determinantes sociales inciden en si una persona es alcohólica o no. Y personas predispuestas a padecer el alcoholismo, como tú y como yo, son parte de una sociedad que celebra el alcohol y hasta hay normas sociales asociadas a él. Entonces, es más complicado tener una relación saludable con esa bebida. Algo que ayuda a determinar que es tiempo de pausar es cuando esa acción que habitualmente haces (como beber) hace que te sientas mal.

Pero este escrito de hoy en esta fiambrerita no es para aleccionarte, ni para decirte que no bebas. Ya tú sabes que hay que pasar la llave. Y si beber te causa daño o a personas cercanas a ti, algo que está en tus manos es buscar ayuda. Lo que quiero es aprovechar una pausa que terminó hace poco para pensar en nuestra relación colectiva con el alcohol.

Recientemente, vino el boom del enero seco o “Dry January”, una pausa de alcohol luego de las vacaciones. Y gracias a Erika Paola me enteré del “Damp January” (¿enero medio mojado?), donde es válido consumir bebidas alcohólicas, pero que son bajas en alcohol. Erika produce Lunes de sed, donde comparte recetas de cocteles junto con su trasfondo histórico y gastronómico.

Y en esa línea, le escribí al escritor de Crítica, el historiador puertorriqueño y también bartender, Israel Meléndez Ayala, para preguntarle qué piensa de nuestra relación colectiva con el alcohol.

El alcohol es algo que es histórico. Desde la Biblia se habla de borracheras (…) Sabemos que la borrachera no es saludable… Pero es un tema que antropólogos, sociólogos, han podido demostrar que el alcohol va de la mano de contrarrestar depresiones, lo que se da por el arduo trabajo o por festejar.

En el caso de Puerto Rico, pues somos una cultura fiestera. Es claro que también durante la colonización estuvo el baile, botella y baraja (…). Pero comparado con otros países… es verdad que aquí bebemos un montón, pero en otros sitios se vuelven más locos (no que aquí no pase). Pero aquí como en otros sitios se ve como algo social.

¿Y de los abordajes que tenemos hacia la gente que no bebe o sobre lo que bebe?

Sí, también eso está presente porque hay bebidas que se consideran “fuertes”… Y dentro de nuestra cultura, cuando vemos a alguien que no bebe si puede ser un tema de burla, pero también pasa de ambas partes. Y hay gente que se mofa para tratar de cubrir sus propias debilidades que no quiere aceptar.

¿Hay algo de nuestra relación a la bebida que te llame la atención como historiador y antropólogo?

Si nos vamos a los Taínos, ellos tenían una bebida que se llamaba la chihca que era como unba cerveza. Los cronistas, creo que [Fray Bartolomé] de las Casa, escribió como se emborrachaban en el batey.

El tema del colonialismo puede ir con lo del baile, baraja y botella, pero con los trabajos de aquí. Muchos de esos trabajos [durante el siglo pasado] eran arduos y fuertes. De las Casas también escribió de cómo los esclavos creaban su propia bebida [alcohólica] a partir del azúcar y que “caían como moscas”. Era una manera de amortiguar o bregar con la situación.

Y yo sé que está la cuestión de la borrachera, la pendejá y la joda, depende de la perspectiva [y la intención]. La realidad es que el alcohol y la sociedad están bien conectadas en Puerto Rico. Mírate el caso de Monchito y la piña colada. Con el ron, lo que se generaba con los taxes, se construyeron carreteras y hospitales. Y si, hay cosas como el pitorro que es bien familiar, que une comunidades. Y el que sea ilegal y policías pasen de largo, te deja saber lo cultural que es..

En este mes que estuve en la pausa, pues en vez de parar, me vio bebiendo cervezas de estas sin alcohol porque quería ese sabor. No quería juguito o agua, quería ese sabor. Recuerdo ir a sitios y sentir decepción porque no tenían ni la Heineken 0.0. Y entonces me vi con estas bicherías pendejas como que el chinchorro tiene que tener cervezas sin alcohol, que hasta valen más caras que las regulares.

Son bien pocas las barras que tengan mocktails o cervezas sin alcohol. Son bien pocos. Pero no solo en Puerto Rico, este tema es bien nuevo. Eso de las bebidas sin alcohol no es popular.

Hace poco escribiste sobre las dimensiones sociales e históricas de la barra El Batey en el Viejo San Juan ¿Estás trabajando algo para Crítica sobre algún tema relacionado al ron desde el punto de vista histórico?

Algo viene por ahí

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