Impresiones
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Una novela que nos nombra

Una amiga me dijo que nuestra generación–millenials, supongo–le pone nombres de humanos a sus mascotas. No sé qué es un nombre de humano. Mi perro, bendito, que en paz descanse, se llamaba Bruno. Ese nombre (¿de humano?) no apareció en las listas que compartía la protagonista de la novela Nombres y animales (Ed. Periférica, 2014), de la escritora y cantautora dominicana, Rita Indiana.

 Tampoco aparece si le protagonista es mujer o si se identifica como mujer. Pero presumo que los demás personajes, como yo, le ven como mujer. Ella es la protagonista de esa novela que se lee como escuchar cualquier canción de El Juidero, primer y único disco de Rita Indiana. Su prosa está sazoná con sofrito dominicano y, utilizando el humor y la picardía, lleva a quien la lee a adentrarse en a la vida de esa recepcionista de una clínica veterinaria, donde las dinámicas sociopolíticas de la República Dominicana se visibilizan y se nombran.

            La novela es corta. Los 20 capítulos hay que leerlos con calma pa’ disfrutarlos mejor. Me obligué a leer uno por día para que me durara más tiempo. Lo cotidiano de la novela hace que quien la lee se relacione, no solo con la protagonista, sino con todos sus habitantes. Cada capítulo comienza con una línea de la novela La isla del Dr. Monroe. Una isla, valga la redundancia, donde el Dr. Monroe convertía personas en animales. ¿Será La Española una isla de constantes transformaciones sociales y humanas, donde sus habitantes nombran lo innombrable? ¿O soy yo buscándole las cinco patas al gato?

Desde su silla en la clínica, la protagonista ve un gato que no le hace caso. “Los gatos no tienen nombres, eso lo sabe todo el mundo. (…) ¿y para qué quiere uno un animal que no vienen cuando lo llaman?” (5). La protagonista trabaja de recepcionista en la clínica de Fin, esposo de tía Celia. Vive con ellos, pues su padre y madre se fueron a España de vacaciones. Percibo que para la protagonista y narradora de esta novela, nombrar al gato es como nombrar y sentir sentimientos y experiencias del pasado. Mientras va pasando el tiempo, los cambiamos. Algo que para mí surge de la novela, es la inhabilidad que tenemos para transformar eso que no nos gusta. El gato nos mira; a la vez nos ignora. Algo que logra Rita Indiana en Nombres y Animales es que obliga a quien lee a nombrar. Desamor, género, Haití, familia, mangles, República Dominicana –van transformándose ante nuestros ojos.

Hace tiempo no me disfrutaba tanto una novela. Como escritora, Rita Indiana logra transmitir el Caribe desde su prosa. Hay un calor que incomoda, pero que a la vez nutre y nos pone a gozar. Quien lea a Nombres y Animales, no solo nombrará a la protagonista como “amiga”, también encontrará espacio para relacionarse con Vita, Radamés, Mandy, Cuti, Uriel, Claudia y demás habitantes de una novela que nos invita, no solo a nombrar, sino a nombrarnos.

Fotos por Luis Alexis Rodríguez-Cruz (2020)

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