Impresiones
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Leer a la mar

En Mi país es el mar, Ana Lydia Vega nos recuerda que somos gente isleña, gente que vive en relación con el mar. En muchas ocasiones, he escuchado que en Puerto Rico le damos la espalda al mar, que se nos olvida que somos un conjunto de islas. Si bien eso es algo cierto, no creo que ese sea el caso entre la mayoría de pescadores y pescadoras, quienes sostienen una relación de intimidad, apego y amor con la mar. En Palabras de pescadores, la autora y etnobotánica, María Benedetti, realiza entrevistas con pescadores comerciales de Puerto Rico entre 1991 y el 1995. En las 13 entrevistas, llevadas a cabo en 7 municipios de la Isla Grande y en Vieques, la autora logra comunicar y establecer conversaciones, en las cuales desarrolla una atmósfera donde no se nos permite darle la espalda al mar. Aunque ya van más de 15 años desde que esas conversaciones fueron llevadas a cabo, los temas allí presentes no han caducado.

Un tema que sobresale en cada entrevista es la consciencia ambiental que poseen esas personas que van a la mar desde antes del amanecer. Aun pescando desde diferentes puntos de Puerto Rico, los retos relacionados a la conservación de recursos marinos son problemas que se comparten. A diferencia de lo que muchas personas pudieran pensar, en la mayoría de las entrevistas se aboga por mayor rigidez y constancia por parte de autoridades para reforzar leyes y regulaciones enfocadas en el bienestar de nuestros ecosistemas costeros. Incluso, algunos pescadores criticaron a aquellos pescadores que no protegen los recursos marinos. Esas prácticas [no seguir vedas] son una pobreza de espíritu. Porque así nos vamos destruyendo a nosotros mismos (16)-expresó Juan Vázquez Vázquez de Guayama. El pescador tiene que ser como el agricultor (…) quien conserva la tierra. [Tenemos] que conservar para el futuro (127) -dijo Juan Rosado de Lajas. De igual manera, las entrevistas muestran cómo pescadores se han sentido responsables, incluso, del deterioro ambiental: Nosotros mismos acabamos con el capitán (118). El libro también muestra cómo sus experiencias de vida (y con el “cambiar de los tiempos”) han trascendido cómo pescan (e.g. modificación de prácticas, no pescar especies en peligro, etc.). Similar ha sucedido en la agricultura terrestre.

Leer Palabras de Pescadores fue transportarme a conversaciones que tuve con pescadores y pescadoras durante una investigación que hice en las áreas sur y oeste de Puerto Rico hace tiempo. Varios de los problemas que se esbozan en las entrevistas del libro de Benedetti aún persisten. Muchos de ellos relacionados al meollo que provocan los departamentos de Agricultura y Recursos Naturales (ej. regulaciones dispares, mala facilitación de recursos, etc.). Algo que también persiste en pescadores y pescadoras de hoy es la intrínseca conexión que tienen con el mar y sus recursos. Me pareció bonito leer cómo las personas entrevistadas hablaban de la importancia de la luna, de conocer las corrientes y entender el viento. Los hombres y mujeres protagonistas de ese libro comparten sus historias de alta mar y la importancia de reconocer a la pesca en Puerto Rico como una actividad vital, no solo para proveernos una seguridad alimentaria y comunitaria, sino para también salvaguardar nuestros recursos marinos. Palabras de Pescadores se lee como ver un documental que evoca el orgullo isleño, pero que también nos provoca cuestionar nuestra relación con la mar y con las personas que día a día la trabajan.

Foto: Palabras de Pescadores en playa Ballena (Atolladora), Bosque Seco de Guánica, área de Yauco. (Luis Alexis Rodríguez-Cruz, 2019)

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