Una diálogo de sobremesa con Hommy Martínez Contreras

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Tu fiambrerita semanal #148

Este sábado, 23 de mayo, se estará llevando a cabo la tercera edición de La comida como cultura: diálogos de sobremesa en Caguas. Habrá conferencias, mercado, exhibiciones y talleres. En La Fiambrera de hoy te comparto una entrevista que le hice a Hommy Martínez Contreras, gestor cultural del evento. Hoy también te comparto 5 noticias recién publicadas.


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Un objeto de malla en forma abstracta, unos libros apilados, una olla dorada con tres compartimentos, una cámara antigua y un racimo de plátanos.

Un diálogo de sobremesa con Hommy Martínez Contreras

¿De dónde viene tu fascinación por la comida o tu interés por asuntos relacionados al sistema alimentario de Puerto Rico?

Tengo esta memoria de un trabajo que escribí en séptimo sobre lo que quería ser cuando fuera grande. Escribí que quería trabajar en filantropía y tener una panadería. Recuerdo que lo de la panadería, como que trabajar con panes, cocinar y recuerdo que había algo como que la gente no pase hambre, era como algo por ahí.

Y bueno, mi primer trabajo fue en un supermercado, empacando. Luego trabajé como mesero, cogí el curso de agroecología de El Josco Bravo y trabajé como coordinador de el huerto de El Bastión. Allí recibía estudiantes y tenía más contacto con la tierra. Así que no tengo como un momento exacto que dije “la comida el camino”, pero siento que de la manera que me he movido, no necesariamente consciente, me ha llevado como pues a eso

Luego encontré a Cruz Miguel [Ortíz Cuadra]; creo que fue durante la pandemia que me leí Puerto Rico en la olla y De los plátanos de Oller hasta los food trucks. Ahí fui entiendo la comida como desde la parte histórica, cultural. Fue como abrir otra ventana en mi cabeza, de también pensar que la comida va más allá de la cocina. Y quizás en mi contexto y mis crianzas, pues si te gusta la comida o quieres tener algún tipo de carrera dentro de esta industria, es como cocinero, por ejemplo. Yo empecé estudiando finanzas en Bayamón y terminé en UPR Carolina estudiando un bachillerato en administración de hoteles y restaurantes.

¿Cómo surgió la idea de La comida como cultura: Diálogos de sobremesa?

Yo estaba en UPR Utuado tomando unas clases de tecnología de alimentos. Ya me había graduado del bachillerato, pero descubrí este grado asociado que no había visto antes. Llegué tarde, por decirlo así; mucha gente pensaría que uno llega cuando tiene que llegar. Me matriculé en dos clases, no recuerdo bien cuáles, sé que una era sobre carne y creo que la otra era la básica de tecnología de alimentos.

El impacto fue grande. Yo viajaba desde San Juan para tomar esas clases, y llegar al recinto de Utuado y que éramos tres personas en el salón fue chocante. La precariedad del laboratorio, por ejemplo, pero a la misma vez entender la importancia de los temas que se estaban discutiendo… no sé, hubo una mezcla de todo eso.

Para ese tiempo también estaba trabajando en El Bastión, en el huerto como tal, y acababa de salir de trabajar de un restaurante —trabajaba doce, catorce horas— así que también tenía esa perspectiva de lo que es trabajar en una cocina, y en una cocina premiada, además. Ver ese otro lado de lo que se enaltece en nombre de la cultura, pero también cómo los cuerpos que sostienen ese trabajo lo sufren.

Creo que con todo eso en mente me fui haciendo preguntas sobre si la comida era o no cultura, porque estaba trabajando en un centro cultural justo al lado del Instituto de Cultura, y ese cuestionamiento era muy propio. Estaba leyendo a Cruz Miguel también y nada, recuerdo que la idea de hacer ese primer conversatorio surgió como una forma de promocionar el programa de Utuado principalmente. Un poco como decirme: ¿qué puedo hacer yo para mostrar este programa y mostrar la universidad?

El primer impulso fue hacerlo en el Instituto de Cultura, como diciendo: la comida es parte de la cultura, ¿por qué no tenemos una oficina aquí? Fue un poco esa euforia. Y como yo estaba trabajando en El Bastión, mi jefa en ese momento me dijo: «Bueno, empezamos por aquí.» Así que un poco por ahí fue el inicio —esa mezcla de experiencias propias y experiencias nuevas que estaba viviendo: el trabajo en la cocina, el huerto, una universidad en precariedad tocando temas de la comida. Todo eso junto fue lo que ocurrió.

Ha habido una evolución, la primera edición fue amplia, la segunda tuvo un enfoque en los supermercados y ahora la tercera se centra en la producción de carnes en Puerto Rico. Cuéntame un poco de ese proceso para conceptualizar cómo se enmarcan estos encuentros.

Pues, como bien dices, el primer encuentro fue —siempre lo digo así— en la euforia y en la urgencia de crear algo. De repente te vas dando cuenta de qué funcionó y qué no funcionó.

Siendo muy honesto, no había intención de hacer una segunda edición. Lo que quería era hacer eso y ya, continuar con el trabajo en lo que fuera. Pero se acercaron personas diciéndonos que esta conversación tenía que continuar de alguna manera. Y desde el principio la intención había sido que se sentaran en la mesa personas que no pensaran igual; algo que queremos que continúe, ¿verdad? Porque otra de las cosas que siempre estuvo presente es que muchas veces cuando hablamos de comida lo hacemos desde los grupos que ya conocemos, o que piensan igual que nosotros. Si soy vegano, me reúno en un conversatorio solo con gente vegana; si soy agroecológico, pues solo mis amistades son agroecológicas.

La idea era empezar a crear un espacio donde no todo el mundo piense igual que tú, para así hacer posible o por lo menos proponer ideas y problematizar cosas teniendo distintas perspectivas en la mesa. Y ese es un poco el llamado del proyecto y la simbología de la mesa, ¿no? Sentémonos a dialogar.

Por ahí va la cosa de cómo conceptualizarlo. Y luego, cómo sacarle el mayor provecho, pues quizás eligiendo un solo tema. Eso nace de experiencias muy propias. Una de las cosas más nítidas que recuerdo es haber leído a Cruz Miguel fue saber cuándo llegaron los supermercados a Puerto Rico, por ejemplo. Fue en los años 50, bajo ciertas políticas del entonces gobernador —el tema de la nevera, etcétera. Así que ese interés propio se puede movilizar, mutar hacia otras cosas, otras profundidades, por decirlo así.

Y antes de tomar esa decisión final, siempre pregunto, de manera informal e intuitiva, para ver si son inquietudes mías o si realmente la gente también las comparte. Y no necesariamente preguntarle a agricultores, profesores o personas que están en estos temas todos los días. Quizás a la familia, a gente que no está en estos temas. Va un poco por ahí: el interés y las inquietudes sobre el sistema alimentario.

¿Cómo has visto el apoyo o el interés de la gente en involucrarse en gestionar este este evento?

Una persona me dijo que los proyectos atraen personas. Este no es un proyecto pensado desde lo económico y eso puede ser un problema, pero como no son pensados desde lo económico y son desde el corazón, pues eso mueve a las personas. Para esta edición más de quince personas se han involucrado.

Creo que el proyecto ha resonado con las personas que se han unido. Se me hace un poco como complicado nombrarme dentro del proyecto porque al final del día no quisiera tampoco que fuera como mi proyecto, quisiera que también las personas pudieran ver en él cómo se pueden incorporarse y hacer lo propio desde ahí y unir fuerzas también para para hacerlo. Bueno, es una mesa, hay muchas sillas, entonces la va llenando y agrandando.

¿Cuáles han sido los aprendizajes y cómo se aplican en esta tercera edición?

Aquí me pongo medio hippie, pero creo que siempre es un tema de intención e intuición. Siempre me acuerdo de Natalia Vallejo, que habla de la intuición, y en conversaciones ese tema surge mucho: ¿qué usas para inspirarte, por ejemplo, para crear los platos? Y a veces no es gran cosa, ¿no? Es lo que uno siente que quiere hacer, lo que lo mueve, lo que lo llena de alegría. Un poco por ahí se mueven las cosas. Creo que el aprendizaje ha sido confiar en eso.

Y de repente eso ha sido una belleza, porque en las llamadas con los ganaderos y otra gente dicen, anda, nunca se había puesto sobre la mesa el tema de los mataderos en Puerto Rico, por ejemplo, y de repente han surgido conversaciones de dos horas sobre economía, impuestos, regulaciones… Y cualquier persona por ahí te diría que los mataderos son algo que no pensaba que existiera en Puerto Rico, o al menos no sabía cómo funcionaban. Yo mismo no sabía bien cómo se procesaba la carne aquí.

Creo que el aprendizaje también ha sido prestarle atención a las inquietudes propias que parecieran muy ligeras, pero que son temas que a la gente también le interesan, a gente que no estudia estos temas. Y descubrir en el camino que detrás de eso hay toda una industria, un montón de personas que inciden en lo que llega a nuestra mesa.

¿Qué se va a llevar la gente del evento?

Pues dentro de todo, quisiera que estuviera el disfrute. Es algo que hemos intentado, aunque sé que va un poco contra la historia de cómo entendemos la educación; que uno disfrute. Pero creo que por eso le damos espacio este año a la exhibición, los talleres educativos y el mercado: porque no todo el mundo tiene el tiempo de sentarse a debatir sobre el sistema alimentario.

Y creo que si a través de la exhibición, la gastronomía, los talleres o el mercado logramos sembrar algo, aunque sea algo pequeño, sobre cómo pensamos la comida, ya sea por una pieza de arte o por el taller de embutidos que se va a dar con Pedro Arcor, que también aborda el problema de conseguir el cerdo para producir embutidos en Puerto Rico… si combinamos el disfrute y la educación, para mí eso sería la belleza del proyecto.

Y debo decir que ya de por sí es una belleza, por el hecho de que se hayan acercado todas estas personas para brindar los talleres, para la exhibición, que haya estudiantes de [la maestría de gestión y administración cultural de la UPR] que vean la posibilidad de crear algo propio dentro de este proyecto. El impacto va más allá del evento y de las personas que lleguen ese día, también está en todas estas otras personas que están haciendo las cosas que disfrutan. Como tener a Mafe Soltero y Cin Santiago, compañeras artistas, bordando un mantel que se pintó con índigo de Trama Antillana. Esas otras dimensiones que no son visibles el día del evento, pero que ya están pasando, ¿no? Esa posibilidad de encuentro.

Yo creo que para mí, al final del día, es más allá de lo que se lleva la gente: es encontrarse, es el intercambio de palabras. Y creo que en los tiempos que estamos atravesando como país, poder encontrarnos, sea como sea, ya es mucho.


Cartel promocional del evento 'La comida como cultura: carnes', con ilustraciones de alimentos y utensilios de cocina, junto a retratos de dos personas sonrientes. Detalles del evento mencionan la fecha y el lugar en Caguas.

Diseño gráfico que muestra una figura abstracta, un libro apilado, un recipiente dorado, una cámara fotográfica y un racimo de plátanos.

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Paisaje rural con casas en un camino rodeado de vegetación.

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APUNTES Y UPDATES

Esta semana se acaba el semestre en UPR Utuado. El domingo que viene, en el contexto de la crisis que enfrenta nuestra Universidad, compartiré unos apuntes sobre el recinto en el que enseño desde el 2023.

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