Esta es la columna semanal del newsletter La fiambrera. Suscríbete aquí
Esta columna fue parte de la fiambrerita del 24 de septiembre de 2023.

Recuerdo dos películas. Una viejita: The Island o La Isla. La gente vivía como en un bunker de un supuesto mundo apocalíptico, esperando ir a la isla, a la tierra prometida llena de recursos naturales y de bienestar. No es hasta que el protagonista se da cuenta que esa isla es—cuidado con el espóiler—el mundo actual y él es un producto, un clon listo para proveer algún órgano o elemento corpóreo que la persona que pagó por ese servicio necesite. La otra, una más reciente, Vesper, titulada con el nombre de la protagonista, trata de un mundo apocalíptico también, pero esta vez real, con un medio ambiente destruido. Ella vive fuera de las ciudades con recursos. Tiene que hacer de tripas, corazones. Las ciudades—otro espóiler—intercambian semillas con las personas que viven fuera por la sangre de niños y jóvenes. Cuento largo, corto, Vesper logra decodificar las semillas.
Pienso en esas películas porque, en esta realidad actual, abrasada por crisis sociales, políticas y ambientales, se están confeccionando proteínas animales en laboratorios en pro de la sustentabilidad. Las soluciones tecnocráticas muchas veces ignoran la complejidad de los asuntos y evaden consideraciones que van más allá de lo científico o lo tecnológico. Como lo pudiesen ser sus consecuencias no deseadas.
El gobierno federal aprobó hace poco la manufactura y venta de pollo hecho a partir de células madre o cultivado en un laboratorio. Tan pronto tienen las células, en un biorreactor, con no sé cuánto de energía, desarrollan el músculo. Hace poco, en Europa hicieron carne de res. Ya se han anunciado tremendas plantas para generar este producto que, dicen, será una manera de producir proteína animal con menos emisiones de gases de efecto de invernadero. ¿Arroz con pollo despescuezado a mano o un arroz con pollo desarrollado en un laboratorio? Bueno, el segundo lo van a cocinar chefs con estrellas Michelin o con mucha fama. Pero prefiero el primero; aunque, sinceramente, probaría el segundo. Así por curiosidad. Total, ya como cosas con ingredientes genéticamente modificados y el pollo que usualmente como, no lo despescuezó alguien de mi comunidad. Pero una cosa es una planta híbrida, un pollo crecido en una granja de Coamo o mis mahones hechos con algodón Bt que un músculo generado en un laboratorio.
La industria animal es de las principales contribuidoras agrícolas a los cambios climáticos. Ya se ha documentado deforestación, impactos al recurso agua y pérdida de biodiversidad para satisfacer la creciente demanda. Tampoco podemos ignorar los elementos éticos y de bienestar animal. Un músculo en el laboratorio parece que resolverá todo eso, dicen. Arroz con pollo que no contaminó el ambiente y que no vino de un ave destinada al sufrimiento de una granja. ¿De verdad eso es una solución sustentable? Como me dijo una amiga que es doctora en bioingeniería, puede que tenga algunas eficiencias, pero igual requerirá energía e insumos. Se necesitan más estudios, como análisis de ciclos de vida, para entender mejor cuán sustentable puede ser. Es un proceso bastante nuevo, por lo que no hay tantos estudios rigorosos sobre ello para decir con certeza qué es la que hay con eso.
La tecnología es importante. Puedo escribir esta columna y compartirla con muchas personas de una manera rápida, accesible y eficiente. Que chévere sería poder generar un hígado que alguien necesite (no hablo de ti en el futuro, conste). Aunque lo ideal sería atender las circunstancias sociales que muchas veces son las precursoras de un sinnúmero de enfermedades y malestares físicos. Las soluciones tecnocráticas, muchas veces, ignoran la complejidad de los asuntos y quiénes las proponen parecen cometer el error de querer simplificar lo complejo. ¿No sería más fácil mejorar producciones actuales y derechos laborales agrícolas, comer más vegetales y legumbres, reducir pérdida de alimentos, establecer mejores parámetros para el consumo de animales que gastar todo un dineral y energía creando pollo que no sabemos cuándo estará disponible en Econo?
Claro, esas soluciones no son fáciles de implementar, más pudieran también parecer simples a problemas complejos—la ironía… Se parte de una idea de que en el mundo no hay mucha comida y de que la tecnología es la salvación. Esto de las carnes en laboratorio se me parece al desarrollo de productos cárnicos a base de soya. Entonces, no me como un hamburger con carne puertorriqueña para cuidar el ambiente, pero sí me como uno de X marca importada, hecho con soya transgénica sembrada en monocultivos. Cada quien se come lo que quiere o lo que puede, no todo el mundo tiene el privilegio de elegir. ¿Un pollo servido en un plato Petri será una manera sustentable de comer animales?
Esta columna es parte de La Fiambrera, un proyecto que enlaza mis amores por la investigación en sistemas agroalimentarios, la comida y cocina, al igual que la narrativa. Recibe una fiambrerita todos los domingos. ¿No recibes una fiambrerita semanal? Suscríbete aquí. Puedes acceder el archivo de las pasadas fiambreras aquí y acá puedes ver todas las pasadas columnas.

Deja un comentario