Impresiones
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Abrazar a Levittown

Levittown mon amor (Ediciones Callejón, 2018), del puertorriqueño Cezanne Cardona Morales (Dorado, 1982), es de esos libros de cuentos que cautivan e invitan al trance. No porque los cuentos estén narrados como se declama un poema, sino por la cotidianidad que se siente en cada una de las cinco piezas. Esta colección algo antológica, se puede leer en una sentada, como nos comemos las series de internet hoy día.

Quien lea este libro encontrará (1) que la muerte de un padre le da ideas de criminal estrella al hijo periodista, (2) un sofá heredado que le da a un hijo la oportunidad de ser entrenador de boxeo, (3) un padre que comparte Robitusin con su pequeño, (4) mientras el otro le llena de agua la boca a un oficial de seguridad y (5) uno diferente que le permite al hijo bailar una balada pop bajo lluvia amarilla.

Cada cuento es una historia por sí misma; no están directamente entrelazados (los personajes no se repiten o conocen, por ejemplo). Lo que sí aparece como pieza medular en cada relato, es Levittown (Toa Baja, Puerto Rico).

Levittown parece ser el personaje principal de esta colección de cuentos. ¿Y no es eso una ciudad? Un personaje que vive, siente y padece. Aunque también cada cuento pudiera ser un padecimiento de la ciudad o la proyección de sí misma. Otras personas pudieran percibir a Levittown como el mero setting del libro, pero no puedo evitar darle un rol principal a ese lugar.

Portada de Levittown mon amour por Ita Venegas Pérez

Otra cosa que unifica los cuentos es la figura del padre o del hombre que pudiera ser producto o un engendro de la ciudad en decadencia. Cada uno de esos hombres parece estar dentro de las bolsas tipo Ziploc que aparecen en la portada del libro. Allí dentro también está Levittown. Las circunstancias que rodean a cada uno parecen ser esas que viven muchos hombres en Puerto Rico, esas que no mencionan (quizás) porque no son “cosas de hombres”: soledad, desamor, tristeza, fragilidad, vulnerabilidad.

Aunque en estos tiempos hay mayor inclusión y perspectiva de género en la crianza de niños, nos hace falta mucho por recorrer. Yo tuve la suerte de crecer en un hogar en el que no se me penalizaba por llorar o no ser todo un “macho”, pero como quiera el machismo permea y me ha costado mucho emocionalmente. El tiempo me ha enseñado a valorar y validar la vulnerabilidad. Y eso es algo que sentí al leer un reciente ensayo de Cardona publicado en la revista 80 grados. Allí el autor de Levittown mon amor cuenta de cómo, luego del huracán María, fue a darle el abrazo a su padre. No sé si sean cosas mías, pero siento la lectura de Levittown mon amour más cerca, luego de leer esa historia que compartió Cardona con bastante hondura.

 

Aquí los enlaces de las columnas y ensayos de Cardona en El Nuevo Día y 80 grados.

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