Necesitamos lluvia y buen manejo, no un huracán

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«Hace falta un huracán», escuché a alguien decir hace unos días. Yo creo que «Hace falta lluvia» sería más apropiado. Puerto Rico está atravesando ahora una sequía meteorológica. Alrededor del 78% de nuestras tierras están bajo condiciones de sequía y la zona sur ya atraviesa una sequía extrema, lo cual podría empeorar. Me pidieron que te escribiera sobre huracanes, pero las condiciones de sequía, de falta de agua y racionamiento que estamos viviendo, hacen que sea difícil escribir de ese tema.

Somos islas que dependemos del agua de lluvia para calmar nuestra sed y para cultivar nuestras tierras. La lluvia es crítica para mantener la salud del suelo y para reabastecer los ríos que alimentan nuestros embalses. Ya miles de personas enfrentan un racionamiento de agua. Otras cientos de familias ya llevan varios meses sin agua y otras llevan años. Abrir la pluma y no ver que salga agua hace difícil escribir sobre huracanes. Sin embargo, están entrelazados.

La semana pasada te escribí sobre los desastres (no) naturales desde la casa de mi familia en Juana Díaz. Cuando guío hacia el sur desde San Juan, tomo la autopista 52 que se escurre por las montañas altas de Cayey. Hay una curva desde que te permite disfrutar del hermoso paisaje sureño de montañas que se vuelven sábanas planas hasta llegar al mar Caribe. Eso no fue lo que vi cuando cogí esa curva la semana pasada. Vi tierra seca, sedienta, con una densa nube de polvo del Sahara bailando con las cenizas de los fuegos forestales. Es normal tener una temporada seca en esta época en Puerto Rico. Pero el cambio climático, junto con las condiciones de El Niño, más la negligencia gubernamental en torno al manejo del agua, han agravado la temporada.

Esto apunta a lo que te escribí en el boletín anterior: no existen los desastres naturales. Creo que cuando se trata del agua, el público aquí está consciente del mal manejo del gobierno en cuanto al mantenimiento de la capacidad de los embalses. También están conscientes de que el mal mantenimiento de la infraestructura hace que Puerto Rico pierda la mitad de su agua potable antes de que llegue a la pluma de mi casa. Cuando se habla de la sequía en los medios y en otros espacios (o como esa persona cuyo comentario escuché), no veo que la gente se refiera a ella como un «desastre natural».

¿Por qué entonces, cuando se trata de huracanes aquí, es tan diferente? Tengo curiosidad de si otras persona ven relaciones distintas en cuanto al entendimiento de diferentes peligros naturales, o al discutir los desastres que les siguen. Me pregunto si esta situación ampliará el lenguaje que usamos sobre los huracanes. Definitivamente, no quiero que venga un huracán, pero sí quiero que llueva. Quisiera que llene los ríos con cuencas reforestadas, que fluyan hacia embalses hondos, y que lleguen a través de tuberías bien mantenidas hasta la pluma de mi casa.

Esta es la traducción modificada de mi segunda entrada en el boletín The Seedling (La plántula) de The Uproot Project, que reúne a periodistas climáticos y ambientales. También fue publicada en la edición 158 de La Fiambrera.

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