Génesis Ibarra me entrevistó para su nota en El Nuevo Día sobre un reciente informe del Censo de EE.UU que analiza la vulnerabilidad social en Puerto Rico.
Quise destacar tres asuntos: la vulnerabilidad social (1) es producto de un conjunto de factores individuales, ambientales, sociales y políticos; (2) la vulnerabilidad debe entenderse de manera contextualizada, evitando generalizaciones y (3) que obviamente debe reducirse, pues exacerba impactos climáticos y sociales, agravándose a su vez.
También es importante mirar con ojo crítico cómo se define vulenrabilidad social y cuáles son las métricas que se utilizan, pues hay que ver si los indicadores que se usan tienen sentido para Puerto Rico.

Arranca la temporada ciclónica: más del 80% de la población de Puerto Rico enfrenta vulnerabilidad social ante desastres
Por Génesis Ibarra. Publicado el domingo, 31 de mayo de 2025 en El Nuevo Día
De cara a una nueva temporada ciclónica –que inicia este domingo–, más del 80% de la población puertorriqueña enfrenta “vulnerabilidad social” moderada o alta ante un desastre en aspectos que van desde la pobreza hasta el acceso a seguro médico, lo que llevó a entendidos en el tema a urgir una respuesta del Estado y el fortalecimiento de organizaciones y comunidades, que han asumido un rol vital desde el paso del huracán María, en 2017.
Las Estimaciones del 2023 sobre la Resiliencia Comunitaria (CRE, en inglés) para Puerto Rico, publicadas por la Oficina del Censo de Estados Unidos el pasado 15 de mayo, muestran que la tasa de personas con tres o más componentes de vulnerabilidad social en el archipiélago asciende a 41.08%, lo que supone más de 1.3 millones de personas, de una población total estimada de 3,192,216. Otro 41.36% (1,320,164 personas) sufre uno o dos componentes, mientras que solo el 17.57% (560,799 personas) experimenta cero componentes.
Según el Censo, las CRE evalúan “la capacidad de una comunidad para resistir y recuperarse de estresores externos o desastres, como huracanes o eventos peligrosos” y su propósito es servir de herramienta para establecer estrategias de mitigación y recuperación. Las estimaciones de población se agrupan en tres categorías: cero componentes –vulnerabilidad social baja–, uno o dos componentes –vulnerabilidad social moderada– y tres o más componentes –vulnerabilidad social alta–. Los indicadores utilizados para medir la vulnerabilidad social de Puerto Rico son situación de pobreza, situación de discapacidad, número de cuidadores en los hogares, hacinamiento en las unidades, acceso vehicular, internet de banda ancha, empleo, educación, edad y seguro médico.
“Estamos hablando de dos de cada cinco personas en Puerto Rico que tenían tres o más factores de riesgo que los hace vulnerables ante desastres naturales. Pero qué pasa, que los que tienen uno o dos componentes son más o menos lo mismo, dos de cada cinco también. Entonces, tenemos un país totalmente vulnerable, un país gravemente vulnerable, un país que está a riesgo grande frente a peligros externos. Pensar que esas personas con esas vulnerabilidades se van a tener que enfrentar a unos troncos de huracanes que van a pasar este año, o los que pasen el año que viene, que quizás son peores, eso es de preocuparse y de quitarle el sueño a cualquiera”, comentó la psicóloga Mercedes Rodríguez López.
Al analizar los datos por tasa en lugar de población, la realidad es distinta. Los 10 pueblos con las tasas más elevadas de personas con vulnerabilidad social alta son Vieques (53.87%), Las Marías (53.22%), Guánica (52.51%), Maricao (50.52%), San Germán (49.27%), Lares (48.76%), Lajas (48.47%), Rincón (48.45%), Ciales (48.32%) y Florida (48.22%).
“Cuando tú miras ahí (pueblos afectados por población), tienes los municipios que deberían ser modelos para todas las cuestiones de desarrollo. Y en los otros (impactados por tasa), sin que la palabra pequeño sea una palabra que devalúe, pero son municipios pequeños poblacionalmente, pequeños en términos de presupuesto de gobierno, pequeños quizás cuando miras los presupuestos municipales… estoy segura que ahí también hay unas grandes diferencias”, opinó Rodríguez López sobre las variaciones en los listados.
Por su parte, el profesor Luis Alexis Rodríguez Cruz, investigador del Instituto Caribeño para la Agroecología, señaló que, a los indicadores de vulnerabilidad social que el Censo analiza, se suma “la precariedad política y económica que vivimos, que incide también en el bienestar de las personas”. En ese contexto, mencionó el deteriorado estado del sistema eléctrico.
Agregó que, en el caso de Puerto Rico, hubiese incluido un indicador de ubicación o de altura. “No es lo mismo ser una persona pobre en San Juan que una persona pobre en el barrio Mameyes, en Utuado. No es lo mismo ser una persona adulta mayor en Ponce que una en Vieques. Entonces, esa parte de ubicación, de altura –que también se asocia con susceptibilidad a deslizamientos, acceso a carreteras; si tú vives en una comunidad que lo que tiene es una entrada de una carretera rural y la autopista te queda bien lejos–, pues eso va abonando a la vulnerabilidad”, esbozó.
“Creo que, en esta parte de la vulnerabilidad, es importante subrayar que no todo depende de las personas. O sea, una sociedad no es vulnerable porque quiere ser vulnerable. Es más complejo que eso y hay un conjunto de elementos sociales y no sociales, ambientales y demás, muchos de ellos fuera del control individual que, enlazados entre sí, impactan ese bienestar o abonan a esa vulnerabilidad social. Y creo que, mientras más hábiles seamos en ver la foto completa, esas diversas partes del rompecabezas, vamos a tener una mejor imagen de cómo atender esa vulnerabilidad social”, apuntó el profesor de la Universidad de Puerto Rico en Utuado.
Los datos de las CRE no precisan cuáles son las vulnerabilidades sociales que enfrenta cada categoría de la población. Sin embargo, ambos expertos consultados por El Nuevo Día opinaron que la situación de pobreza es el factor más alarmante en el listado de indicadores, pues define otros aspectos de esa vulnerabilidad, como el acceso a cobertura de salud, vehículos y educación. Otro elemento importante en el archipiélago es el aumento en la población de adultos mayores.
Según estimados del Censo, el 39.6% de la población puertorriqueña vivía en 2023 bajo el nivel de pobreza. Mientras, de acuerdo con el Instituto del Desarrollo de la Juventud, el 54.3% (269,146) de los menores de 0 a 17 años vivía bajo el nivel de pobreza en Puerto Rico ese año, ubicándose en la primera posición en comparación con las otras jurisdicciones de Estados Unidos.
“El hecho de que estamos bien vulnerables (se suma a que) no tenemos un sistema robusto en términos de mitigación, manejo adecuado de emergencias o que se esté atendiendo reducir esa vulnerabilidad social. Y qué pasa, tú tienes todavía, en el 2025, recuperación relacionada con impactos de (los huracanes) Irma y María, que entonces se suman los de Fiona, se suman los de (la tormenta tropical) Ernesto, se suma la pandemia (de COVID-19), se suman los terremotos, la sequía y otros tantos impactos. Y las personas permanecen en este ciclo, de que nos estamos recuperando de una cosa, pero preparándonos a la vez para otra y respondiendo a otra. Se van acumulando estos impactos y hace más difícil que se salga de esa vulnerabilidad y que se puedan atender estas emergencias de una manera adecuada”, abundó Rodríguez Cruz.
En esa línea, Rodríguez López consideró que Puerto Rico aún no se ha recuperado del embate del huracán María hace casi ocho años, un suceso que describió como “un antes y un después” en la historia del archipiélago.
“No conozco una sola persona que no tenga a María como referente de sufrimiento, como referente de desamparo, la experiencia de que aquí no viene nadie, estamos solos, no hay quien nos ayude. Esa sensación de desvalido asociada al fenómeno de María, creo que, en mayor o menor grado, toda la gente en Puerto Rico sufrió esa experiencia, que no necesariamente hemos tenido los recursos para poder sobrellevarla y sobreponernos”, lamentó.

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