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Esta columna fue parte de la fiambrera del 9 de julio de 2023.
K de kilogramo
Ayer mi sobrino cumplió tres años. Recuerdo que, cuando lo tuve por primera vez en mis brazos, le dije: “voy a terminar la tesis antes de que cumplas el año”. La entregué tres meses después que cumplió dos. Bien lo dijo Sol Fantin: “el problema del tiempo no es que sea corto, sino fugaz”.
He tenido la dicha de verle crecer desde el día cero. Vi sus primeros pasos y escuché balbuceos que poco a poco se convirtieron en “tío Alexis”. Confió en continuar viéndole crecer. También confió en que miedo miedo cese, pero se incrementa. Tenemos un Puerto Rico y un Planeta que languidecen. Yo sé que siempre ha habido crisis y periodos difíciles, pero el nivel del estado actual y lo que se prevé, no se puede ignorar. ¿Qué puedo hacer para que él y otros que están por nacer tengan algo mejor que lo que yo tuve?
I de igual
Una parte de mí quiere escribir sobre razonamientos evolutivos para explicar el amor que le tengo a mi sobrino. Tenemos un lazo consanguíneo. Lo que provoca una serie de elementos que impulsa a que uno ame. Pero a veces ese “amor” es sinónimo de “cuidar”, de “proteger”. Personas que han criado dan por hecho que haber provisto un techo, comida, cuidado en tiempos de enfermedad y otros elementos relacionados al bienestar físico, son prueba y sinónimo de amor. Claro, eso puede ser muestra de amor, pero es solo uno de varios componentes.
Amar es una decisión, e implica varios elementos, como bien lo escribió bell hooks: «Para amar de verdad debemos aprender a mezclar varios ingredientes: cariño, afecto, reconocimiento, respeto, compromiso y confianza, así como una comunicación honesta y abierta». Entonces, no basta con cuidar o alimentar. Hay que amar con todo lo que eso conlleva. Hay que decidir hacerlo y trabajarlo.
Es clichoso, pero: Alguien que no se ama, ¿puede amar? Alguien que no fue amado, ¿puede amar, puede aprender y decidir amar(se)? Sí, a la segunda pregunta. Yo decidí amar a mi sobrino antes de tenerlo en mis brazos. Y tengo una definición que me ayuda saber si estoy amando todo lo que puedo y quiero.
L de lazo
¿Cómo uno le dice a alguien “te amo” y a la vez le grita, le agrede, le maltrata? Un oxímoron. Parte del temperamento y el carácter se heredan, pero eso no es razón para obviar el control que podemos tener sobre nuestras acciones. Muchos hemos crecido sin amor o con un amor incompleto. Nos criaron en lugares donde escuchábamos “te amo” poco después de recibir un chancletazo. “Una galleta a tiempo endereza”, ¿así es que va?. Eso no es amar. Yo no guardo rencor. He aceptado y perdonado. Decidir amar puede contribuir a parar ese ciclo de maltrato.
I de irreal
Le voy a hacer unas pequeñas modificaciones al título del ensayo de Yoryie Irizarry: ¿Puerto Rico odia a sus niños? Hay más de siete mil casos de maltrato infantil referidos en el Departamento de la Familia que no han sido atendidos. También se conoce que la trata humana en Puerto Rico es real y que involucra niños. Y no voy a citar aquí noticias recientes. ¿Qué sería de Puerto Rico si colectivamente decidiéramos amarnos? ¿Qué sería de nuestras instituciones, del estado y dirigentes si obráramos bajo un marco de haber decidido amar? Claro, hay factores de salud mental y relacionados a lo socioeconómico que inciden en el comportamiento. Y muchos de ellos relacionadas a la falta de amor colectiva, institucional, individual e intrafamiliar. No sabemos amar, parece.
Yo quiero que mi sobrino crezca en un Pais que lo ame y que el también ame. Tambien le voy a hacer una modificación a aquella cita de Ghandhi: “El progreso moral de un país se puede medir por la manera en la que trata a sus [niños]. No se puede decir yo amo a Puerto Rico cuando actuamos en pro de su detrimento.
A de antes
Iba caminando por la plaza del mercado de Ponce y de pronto vi a un nene que corrió para cruzar la calle. Andaba con dos mujeres. Una de ellas, como asustada, le gritó, lo jaló y le pegó, mientras le decía que no podía cruzar así. Allí había más gente que vimos eso y no hicimos nada. Yo me derretí por dentro y en muchas ocasiones me cuestiono por qué no intercedí.
Uno crece escuchando “mis hijos”, “a mis hijos X o Y”, se crece con la idea de que un hijo es propiedad. Algunas de esas sentencias se han utilizado para evitar programas escolares que impulsan la equidad o que al menos puedan ser utilizados para desarrollar personas que puedan amar(se). Claro, como tutor tienes una obligación con ese niño y también cierta injerencia, pero cuidado, ese niño es una persona aparte de ti. A veces veo mucha gente que infantiliza a sus hijos, que no les escuchan o les respetan.
N de no
Estaba en una fiesta en donde un nenito de menos de dos añitos tiró una bola con fuerza que por poco le da en la cara a alguien. A esa edad no se sabe mucho, se sienten cosas que no se entienden. ¿Los terribles dos? Lo ideal es guiarles con Amor. Allí tuve que interceder para que no le gritaran. Entonces de repente se dio una discusión donde se justificaba «la galleta a tiempo».
Recuerdo un pasaje en Todo sobre el amor de bell hooks en donde ella relata una situación similar en una fiesta con amistades académicas. Y como ella escribió: imagínate que habláramos así sobre las parejas, sobre otros adultos. ¿Cómo hemos normalizado esa violencia? Hasta yo he descrito como un chiste cuando en la escuela una maestra me dio como frente a todos. Hasta yo he dicho el “una galleta a tiempo”. No fue hasta que una amiga en Vermont me viro los ojos y con Amor me hizo ver cómo eso estaba mal. Sigo mejorando y aprendiendo. Tener una definición ayuda con eso. La violencia jamás se justifica. No se puede decir te amo, mientras se maltrata, se agrede. No.
Kilian: quiero que sepas que tío te Ama y que me hace muy feliz que hayas querido que te regalaran una cocina para cocinar conmigo. Haré todo el mi poder para amarte correctamente. Feliz cumpleaños.
Esta columna es parte de La Fiambrera, un proyecto que enlaza mis amores por la investigación en sistemas agroalimentarios, la comida y cocina, al igual que la narrativa. Recibe una fiambrerita todos los domingos. Suscríbete aquí.

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