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Un avión que a la vez despega y aterriza

En el vaivén que llevo desde que me fui de Puerto Rico el 23 de agosto de 2017, me he visto, en todas las ocasiones que he vuelto, flotando en alguna playa. El escritor y poeta puertorriqueño, Xavier Valcárcel (Loíza, 1985), en su reciente crónica, Aterrizar no es regreso (Ediciones Alayubia, 2019), dice que “flotar es una posibilidad de vuelo” (76). El autor ha estado en muchos vuelos fuera del agua desde que ocurrió el huracán María. Él fue una de las tantas personas que se vio obligada a irse de Puerto Rico, luego del embate. No es desconocido que María exacerbó los malestares que hemos estado viviendo dentro de nuestra crisis sociopolítica, económica y emocional. Aterrizar no es regreso aporta al necesario acervo de historias que van llenando el rompecabezas de nuestra realidad poshuracán. Pues no hay una historia singular, sino una colección singular de un suceso. Más allá de fijarse en la historia del individuo, como hemos visto en reportajes y documentales, Valcárcel se enfoca en la relación con sus relaciones. Ese libro es un avión de 91 páginas, el cual muestra a un pasajero que “no [regresa] del todo” (81) y que escribe y cuenta su propia historia. El ser humano es un ser narrado. Y narrarse así mismo/a, a través de la crónica, pudiera ser un acto que nos ayude a comprender y aceptar la realidad.

El libro surge a partir del acercamiento que tuvo un reportero del New York Times hacia el autor. El reportero quería acompañarlo de vuelta a Puerto Rico: su travesía en el tren hasta llegar al aeropuerto, sus horas en el avión y el abrazo del archipiélago. Xavier decidió que quién debería contar eso era él mismo. En la crónica, se destaca el vaivén del autor y sus vivencias en Nueva York, Cayey y Loíza. También hace un recuento de cómo vivió el huracán. Para alguien como yo que vio el huracán desde afuera, ese libro provee un atisbo de lo que sintieron las personas que estaban en Puerto Rico durante María. La literatura, más allá de brindarnos experiencias estéticas y sensibilizarnos, nos permite transportarnos a la narración de otros seres y por un momento sentir un algo de lo que vivieron. Y si algo se puede vivir durante el vuelo que es ese libro, es el cariño, la incertidumbre y las dinámicas que pueden surgir por sostener una relación a distancia. En ocasiones, al leer los pasajes dedicados a Andrés, me pregunté si él era la verdadera isla de la que se fue y regresó el autor.

El amor a Andrés, y lo que implica trabajar por el amor, es uno de los elementos que para mí son medulares en el libro ―que recomiendo se lea de una sentada. Otro tema fundamental que entiendo se da en el libro es la complejidad del regreso, lo enredado que puede ser estar en un solo lugar cuando ya se ha hecho vida en tantos otros. Pico Iyer dice que el hogar es donde estamos ahora, pero no hay duda de que lo concreto, lo que se tiene, se difumina entre lo que se tuvo y lo que se podría tener. Xavier cuenta cómo no regresa del todo y menciona cómo flotar en una playa de Rincón, al volver un poco tiempo después de haberse ido en un vuelo humanitario, fue el comienzo del regreso. “Aterrizar no garantiza regresar, sino la llegada a ese camino” (81). Y a eso me puedo relacionar.

Escucha la entrevista entrevista de Xavier Valcárcel con Ana Teresa Toro haciendo click aquí. (Foto tomada de la página de Facebook del podcast Marullo)

Una de las partes que más me gustó del libro fue el cuento de la Tapicería Los Llorones (85), un trabajo que encontró el autor bien cerquita de su casa. En ese espacio, donde Xavier junto a otros cuatro hombres, cocían y tapizaban, mientras lloraban y escuchaban salsa, se puede apreciar cómo, luego de María, las relaciones fracturadas se manifiestan de distintas maneras. El avión parece ser el vehículo que genera esas fracturas. Johnny, el dueño de la tapicería, le cuenta a Xavier cómo compartió lágrimas con su familia ya montada en el avión. Además, el autor le echa un ojo a las dinámicas relacionadas a las diversas masculinidades―Él habla de eso y mucho más en una reciente entrevista con Ana Teresa ToroAterrizar no es regreso funciona como catalizador para reflexionar acerca de las idas y vueltas, y de las dinámicas que surgen en la relación con nuestras relaciones.

Ya Xavier regresó a Puerto Rico y me pregunto también si yo regresaré. Espero que sí. La portada del libro muestra un avión que va a aterrizar, aunque también parece que despega. Quizás el cómo lo miro depende de mi deseo de volver.


Puedes conseguir Aterrizar no es regreso en El Candil en Ponce, Libros AC y Librería La Esquinita en Santurce, y en Amazon.

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