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Politics of Adequacy in Food Access in Cuba


This review was published in Food, Culture, and Society online on June 2020.


Even though Cuba is constricted by the US blockade and embargo, and was severed by the fall of the Soviet Union―on which it depended for trade and imports―the island is regarded as an example of sustainable food systems, of doing a lot with so little. It is also known for its low malnutrition rates, for its food security in general. Nevertheless, that does not mean that people do not face hardship in accessing food.

Medical and sociocultural anthropologist, Dr. Hanna Garth, sheds light on such hardship in her first book, Food in Cuba: The Pursuit of a Decent Meal. This is an ethnography rich with thick description about the politics of adequacy as seen through the lens of household food acquisition in Santiago, Cuba’s second largest city. Garth’s book explores/peers closely at the intersection of the social-cultural meanings of food and food access, with particular focus on the hardship people face―within, and at different scales from the household to the community level―to acquire the foods they want. Food in Cuba opens our eyes to the dynamics people go through to acquire the foods they desire and also reflects on the adequacy of a food system to keep its people fed.

Garth’s book focuses on the politics of adequacy―the determinants and external forces that shape the environment in which the foods that people find adequate and necessary are available (8). Cuba’s socialist food system, and its level of food security and sovereignty, provides the author the space to understand food access beyond calories, supply chains, and production levels. Food in Cuba is based on almost 10 years of ethnographic research in Santiago. Methodologically, the author lived with 22 households, and interacted with almost 100 individuals through deep hanging out and interviews; she performed participaant observations of people’s food acquisition, meal preparations, and family and community dynamics around food adequacy.

 Each chapter of Food in Cuba reflects how the politics of adequacy shape the spaces navigated by Santiagueros to acquire the foods they desire. Their daily struggles show glimpses into how a shifting food system and a sociopolitical reality impact their livelihoods. Garth’s detailed descriptions and analyses of food acquisition allow the reader to challenge their understanding of food security and sovereignty.  

Chapter 1 uncovers Santiagueros daily struggle―la lucha―to acquire food, and how social characteristics interplay in the degree of lucha that people go through. In that chapter, Garth also discusses how social stratification in Cuba is reflected in the struggle people face to prepare a decent meal. In chapter 2, she further elaborates how that social stratification, and its relation with people’s cubanidad, was crafted through three periods of change: Cuba’s independence from Spain, the reforms that came with the revolution, and the Special Period after the fall of the Soviet Union. Chapter 2 shows how social memory, food nostalgia, and systemic change generate a set of dynamics where “[the] social meanings of foods, new and old, are constantly renegotiated (…)” (46).

Chapters 3 and 4 explain how much of the burden (and emotional dilemmas) of food acquisition fall on women, and the degree to which social networks and capital revolve around social stratification and power dynamics within a system that is not so horizontal. Finally, chapter 5 focuses on the myriad ways food acquisition―and the adequacy of Cuba’s provision system―takes a toll on individuals’ wellbeing.

Food in Cuba lets us know that “[f]ood is not simply food, but a reflection of identity, filled with emotions that color experiences of the changes in the food system (…)” (31). Hanna Garth’s focus on people’s food acquisition clarifies the nuances of food security and food sovereignty. Ultimately, Garth argues that despite the sociopolitical goals of the Cuban state, the attempts to create a ‘horizontal’ system, the lived reality is quite different. Socioeconomic, cultural, and racial characteristics play an important role in, not only food acquisition, but also on people’s wellbeing. This wellbeing is also impacted by not achieving a decent meal; the meal that reflects a cultural heritage and tradition: cubanidad. As such, “[s]truggling for a decent meal is a way of struggling for cubanidad” (160).

Food in Cuba: the pursuit of a decent meal
by Hanna Garth, Stanford, Stanford University Press, 2020, 214 pp., ISBN: 978-1-5036-0462-9

Photo credit: Luis Alexis Rodríguez Cruz, 2018 – Photo was taken in Baracoa, Cuba

The COVID-19 Pandemic and Puerto Rico’s Food Sovereingty


This is my translation of my recent column in Puerto Rico’s El Nuevo Día, published on March 19, 2020.


Puerto Rican farmers and fisherfolks, beyond safeguarding our natural and agricultural resources, are key agents in strengthening our food security. Sadly, they have not been taken into account during the emergency we are going through. The COVID-19 pandemic should increase our awareness of our vulnerable island food security, and drive us to actualize actions that have a positive impact on our food system.

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Soberanía alimentaria en tiempos de coronavirus


Read the English version here. | Esta columna fue publicada en El Nuevo Dia, el 19 de marzo de 2020. La puedes acceder aquí.


Nuestros agricultores y pescadores, más allá de ser agentes que pueden salvaguardar nuestros recursos naturales y agrícolas, son claves para fortalecer nuestra seguridad alimentaria. Lamentablemente, han pasado desapercibidos durante la emergencia que estamos atravesando en Puerto Rico, debido al coronavirus que causa COVID-19. La pandemia por la que estamos atravesando nos debe hacer conscientes de nuestra precaria seguridad alimentaria y motivarnos a tomar acciones contundentes en pro de nuestro sistema agroalimentario.

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Una crónica que se escribió desde el más acá

            En su reciente crónica, Entre la bicha y la pared (1) (Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2019), la antropóloga y escritora puertorriqueña, Rima Brusi, expresa que escribir es una forma de plantarse. La autora, como mucha gente puertorriqueña, lleva varios años en un vaivén, el cual ha provocado que su corazón se comporte como si estuviera a punto de regresar (41). El libro tiene 14 partes (¿episodios? ¿capítulos?) que nos sirven para construir―de alguna manera―los ojos para ver a Puerto Rico desde la distancia y para mirar la distancia desde unos ojos que añoran ver un cayito en La Parguera. Entre la bicha y la pared es un tren que nos hace recorrer espacios incómodos, donde las estructuras andan desmoronándose; es un tren en cuyas estaciones se (des)montan Demonios, “Magestades” blancas, Vándalos bilingües y otros seres que nos hacen enfrentar la realidad del viaje en el que andamos.

Índice de Entre la bicha y la pared de Rima Brusi (2019)
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Una novela que nos nombra

Una amiga me dijo que nuestra generación–millenials, supongo–le pone nombres de humanos a sus mascotas. No sé qué es un nombre de humano. Mi perro, bendito, que en paz descanse, se llamaba Bruno. Ese nombre (¿de humano?) no apareció en las listas que compartía la protagonista de la novela Nombres y animales (Ed. Periférica, 2014), de la escritora y cantautora dominicana, Rita Indiana.

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Leer a la mar

En Mi país es el mar, Ana Lydia Vega nos recuerda que somos gente isleña, gente que vive en relación con el mar. En muchas ocasiones, he escuchado que en Puerto Rico le damos la espalda al mar, que se nos olvida que somos un conjunto de islas. Si bien eso es algo cierto, no creo que ese sea el caso entre la mayoría de pescadores y pescadoras, quienes sostienen una relación de intimidad, apego y amor con la mar. En Palabras de pescadores, la autora y etnobotánica, María Benedetti, realiza entrevistas con pescadores comerciales de Puerto Rico entre 1991 y el 1995. En las 13 entrevistas, llevadas a cabo en 7 municipios de la Isla Grande y en Vieques, la autora logra comunicar y establecer conversaciones, en las cuales desarrolla una atmósfera donde no se nos permite darle la espalda al mar. Aunque ya van más de 15 años desde que esas conversaciones fueron llevadas a cabo, los temas allí presentes no han caducado.

Un tema que sobresale en cada entrevista es la consciencia ambiental que poseen esas personas que van a la mar desde antes del amanecer. Aun pescando desde diferentes puntos de Puerto Rico, los retos relacionados a la conservación de recursos marinos son problemas que se comparten. A diferencia de lo que muchas personas pudieran pensar, en la mayoría de las entrevistas se aboga por mayor rigidez y constancia por parte de autoridades para reforzar leyes y regulaciones enfocadas en el bienestar de nuestros ecosistemas costeros. Incluso, algunos pescadores criticaron a aquellos pescadores que no protegen los recursos marinos. Esas prácticas [no seguir vedas] son una pobreza de espíritu. Porque así nos vamos destruyendo a nosotros mismos (16)-expresó Juan Vázquez Vázquez de Guayama. El pescador tiene que ser como el agricultor (…) quien conserva la tierra. [Tenemos] que conservar para el futuro (127) -dijo Juan Rosado de Lajas. De igual manera, las entrevistas muestran cómo pescadores se han sentido responsables, incluso, del deterioro ambiental: Nosotros mismos acabamos con el capitán (118). El libro también muestra cómo sus experiencias de vida (y con el “cambiar de los tiempos”) han trascendido cómo pescan (e.g. modificación de prácticas, no pescar especies en peligro, etc.). Similar ha sucedido en la agricultura terrestre.

Leer Palabras de Pescadores fue transportarme a conversaciones que tuve con pescadores y pescadoras durante una investigación que hice en las áreas sur y oeste de Puerto Rico hace tiempo. Varios de los problemas que se esbozan en las entrevistas del libro de Benedetti aún persisten. Muchos de ellos relacionados al meollo que provocan los departamentos de Agricultura y Recursos Naturales (ej. regulaciones dispares, mala facilitación de recursos, etc.). Algo que también persiste en pescadores y pescadoras de hoy es la intrínseca conexión que tienen con el mar y sus recursos. Me pareció bonito leer cómo las personas entrevistadas hablaban de la importancia de la luna, de conocer las corrientes y entender el viento. Los hombres y mujeres protagonistas de ese libro comparten sus historias de alta mar y la importancia de reconocer a la pesca en Puerto Rico como una actividad vital, no solo para proveernos una seguridad alimentaria y comunitaria, sino para también salvaguardar nuestros recursos marinos. Palabras de Pescadores se lee como ver un documental que evoca el orgullo isleño, pero que también nos provoca cuestionar nuestra relación con la mar y con las personas que día a día la trabajan.

Foto: Palabras de Pescadores en playa Ballena (Atolladora), Bosque Seco de Guánica, área de Yauco. (Luis Alexis Rodríguez-Cruz, 2019)

Decolonizing the Caribbean Diet: Two Perspectives on Possibilities and Challenges


You can read the full article here. This piece was published in a special issue of the Journal of Agriculture, Food Systems, and Community Development titled Indigineous Food Sovereingty in North America. Vol 9 NO B (2019). I acknowledge Vanessa García Polanco for being a great mentor and inviting me to contribute this piece she conceptualized.


Abstract: We wonder if food and agriculture will be an emer­gent theme in reclaiming the Taíno identity, the Indigenous people of the Caribbean. As we con­sider the emergent movement to decolonize our diets and utilize food as medicine alongside veganism and vegetarianism trends, we wonder how and if food, foodways, and agriculture are or will be tools to decolonize and reclaim the Taíno identity. In this paper, we will explore two perspectives on the possible opportunities and challenges of such movements and how they will look in the Caribbean and its diaspora.

Picture: El Yunque Rainforest in Puerto Rico was considered a sacred place by the Taíno people. The photo was taken by Luis Alexis Rodríguez Cruz (2017)

Quería involucrarme en las protestas del verano, pero me encontraba lejos de Puerto Rico.


Esta es la versión en español de la columna que me publicó la revista Science. La puedes acceder aquí. Fue publicada el 29 de agosto de 2019.

Estaba solo en mi cuarto, pegado a la computadora, viendo la marcha y las manifestaciones que se estaban llevando a cabo en el Viejo San Juan. Estaba a casi 3,000km de distancia de mi natal Puerto Rico, donde el Pueblo le exigía la renuncia al gobernador Rosselló. Recuerdo sentir mucho orgullo, pero también rabia hacia mí por no estar allí. 

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Being Idle is not an Option: Reconciling my Academic and Political Duties


This is the original version of my Working Life Essay published on Science on August 29, 2019. Click here to read the published version.

It was Wednesday, July 17th, and I was alone in my room, in front of my computer with four windows open on the screen. Thousands of Puerto Ricans were marching to Old San Juan that day, demanding governor Rosselló to resign. The leak of the egregious chats between him and his colleagues was the catalyst that motivated people to take their bodies to the streets. Beyond dehumanizing comments, the governor used the chat for political means, a potentially illegal action. Furthermore, and worse, in my opinion, they sneered on those who died because of Hurricane Maria. I stayed up late every night following what was happening. I wanted to talk with all my friends that were marching; with one dear friend of mine who suffered police violence during these protests. Day after day, I was following the news from the time that I woke up; feelings of anger and angst in me were persistent. Especially, the anger that I directed towards myself for being away.

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Un avión que a la vez despega y aterriza

En el vaivén que llevo desde que me fui de Puerto Rico el 23 de agosto de 2017, me he visto, en todas las ocasiones que he vuelto, flotando en alguna playa. El escritor y poeta puertorriqueño, Xavier Valcárcel (Loíza, 1985), en su reciente crónica, Aterrizar no es regreso (Ediciones Alayubia, 2019), dice que “flotar es una posibilidad de vuelo” (76). El autor ha estado en muchos vuelos fuera del agua desde que ocurrió el huracán María. Él fue una de las tantas personas que se vio obligada a irse de Puerto Rico, luego del embate. No es desconocido que María exacerbó los malestares que hemos estado viviendo dentro de nuestra crisis sociopolítica, económica y emocional. Aterrizar no es regreso aporta al necesario acervo de historias que van llenando el rompecabezas de nuestra realidad poshuracán. Pues no hay una historia singular, sino una colección singular de un suceso. Más allá de fijarse en la historia del individuo, como hemos visto en reportajes y documentales, Valcárcel se enfoca en la relación con sus relaciones. Ese libro es un avión de 91 páginas, el cual muestra a un pasajero que “no [regresa] del todo” (81) y que escribe y cuenta su propia historia. El ser humano es un ser narrado. Y narrarse así mismo/a, a través de la crónica, pudiera ser un acto que nos ayude a comprender y aceptar la realidad.

El libro surge a partir del acercamiento que tuvo un reportero del New York Times hacia el autor. El reportero quería acompañarlo de vuelta a Puerto Rico: su travesía en el tren hasta llegar al aeropuerto, sus horas en el avión y el abrazo del archipiélago. Xavier decidió que quién debería contar eso era él mismo. En la crónica, se destaca el vaivén del autor y sus vivencias en Nueva York, Cayey y Loíza. También hace un recuento de cómo vivió el huracán. Para alguien como yo que vio el huracán desde afuera, ese libro provee un atisbo de lo que sintieron las personas que estaban en Puerto Rico durante María. La literatura, más allá de brindarnos experiencias estéticas y sensibilizarnos, nos permite transportarnos a la narración de otros seres y por un momento sentir un algo de lo que vivieron. Y si algo se puede vivir durante el vuelo que es ese libro, es el cariño, la incertidumbre y las dinámicas que pueden surgir por sostener una relación a distancia. En ocasiones, al leer los pasajes dedicados a Andrés, me pregunté si él era la verdadera isla de la que se fue y regresó el autor.

El amor a Andrés, y lo que implica trabajar por el amor, es uno de los elementos que para mí son medulares en el libro ―que recomiendo se lea de una sentada. Otro tema fundamental que entiendo se da en el libro es la complejidad del regreso, lo enredado que puede ser estar en un solo lugar cuando ya se ha hecho vida en tantos otros. Pico Iyer dice que el hogar es donde estamos ahora, pero no hay duda de que lo concreto, lo que se tiene, se difumina entre lo que se tuvo y lo que se podría tener. Xavier cuenta cómo no regresa del todo y menciona cómo flotar en una playa de Rincón, al volver un poco tiempo después de haberse ido en un vuelo humanitario, fue el comienzo del regreso. “Aterrizar no garantiza regresar, sino la llegada a ese camino” (81). Y a eso me puedo relacionar.

Escucha la entrevista entrevista de Xavier Valcárcel con Ana Teresa Toro haciendo click aquí. (Foto tomada de la página de Facebook del podcast Marullo)

Una de las partes que más me gustó del libro fue el cuento de la Tapicería Los Llorones (85), un trabajo que encontró el autor bien cerquita de su casa. En ese espacio, donde Xavier junto a otros cuatro hombres, cocían y tapizaban, mientras lloraban y escuchaban salsa, se puede apreciar cómo, luego de María, las relaciones fracturadas se manifiestan de distintas maneras. El avión parece ser el vehículo que genera esas fracturas. Johnny, el dueño de la tapicería, le cuenta a Xavier cómo compartió lágrimas con su familia ya montada en el avión. Además, el autor le echa un ojo a las dinámicas relacionadas a las diversas masculinidades―Él habla de eso y mucho más en una reciente entrevista con Ana Teresa ToroAterrizar no es regreso funciona como catalizador para reflexionar acerca de las idas y vueltas, y de las dinámicas que surgen en la relación con nuestras relaciones.

Ya Xavier regresó a Puerto Rico y me pregunto también si yo regresaré. Espero que sí. La portada del libro muestra un avión que va a aterrizar, aunque también parece que despega. Quizás el cómo lo miro depende de mi deseo de volver.


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