Lo permanente es una ilusión: Sobre «Ponce es Ponce»

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Lo permanente es una ilusión: Sobre «Ponce es Ponce»

Me veo mirando asombrado por el cristal de la parte de atrás del carro de mami. Íbamos entrando a Ponce. Es mi recuerdo mas temprano de lo que es ver edificios. Lo divertido era pasear en el carro, mirando la arquitectura, a lo que ella buscaba parking un sábado de los noventas. Lo no tan divertido era cuando nos teníamos que meter al Paseo Atocha. Era un laberinto de gente. Hasta al sol de hoy, me incomoda estar en revoluces y más si es para ir a las tiendas. Mami nos llevaba ahí para comprar las cositas de la escuela o para vestirnos bonitos para ir a algún bembé. Hoy, un sábado, se me hizo bien fácil conseguir parking. Mirar la arquitectura deteriorada y abandonada no me causo asombro, sino vergüenza. Lidiar con esa emoción fue el único laberinto que tuve que cruzar ese día.

En el Paseo Atocha lo que abunda es el sol y el espacio abierto—aunque de noche va cogiendo vida. Yo sé que lo que fue no volverá. Y no necesariamente debe. Todo cambia, como dice la canción. Más me consta que lo permanente es una ilusión creada por unos ojos que murieron sin ver un cambio. Pero eso allí no ha cambiado ni ha sido transformado. Recuerdo un ensayo que sentencia que “a Ponce nadie lo posterga”, que Ponce seguirá siendo Ponce. Y es algo que yo decido creer. Por eso, aun dentro de la vergüenza o la decepción, se me hace fácil observar e identificar ejemplos de lo posible a través de esta ciudad y de nuestro sur. Se me hace fácil hablar de cosas lindas que están pasando, de lugares para visitar, de gente que aporta a crear ciudad. Pues, Ponce es Ponce, ¿y lo demás? Es parking o una quenepa mal chupá.

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